Tiene sentido darle sentido al dolor!!!???
sábado, 16 de marzo de 2013
Majara
Esta el sonido indefinido de algo que en algún momento fue…
algo más que simples proyecciones, algo más que simples expectativas, algo más que simples escombros en la ausencia de lo perfectamente tangible…
Hay un fantasma en mi habitación, un fantasma con pupilas de fuego y sonrisa de niña, con frio de adolecer y huesos de vida, hay siluetas odiosas y vergüenzas decrepitantes, marcas de placer, marcas de placer, ¡marcas de placer!
Hay historias detrás de los ojos, esta el pánico del hoy, hay momentos en todas partes, estoy yo solo, aquí...
jueves, 19 de enero de 2012
Vicente
Cuatro de la tarde y un simpático sol ardía con toda su bondad. La madre preparaba limonada para ella, pues no soportaba el calor y lo único que le quitaba el ahogo, aunque parezca mentira, era una buena dosis de su brebaje: ácido, amarillo y azucarado. Esa mañana de verano había discutido, como siempre, con su marido, por cosas que a nadie le interesan. Ni siquiera a ellos, fíjense ustedes. Discutían, simplemente, para mantener viva la relación…
Vicente tenía 7 y no soportaba los gritos. Durante años los escuchó; agudos en primavera y roncos en invierno. No aguantaba más los chillidos, así que, cual aventurero trotamundos, cual malabarista mochilero, decide embarcarse en su propia huida. Para la maleta guardó solamente lo esencial. Una imagen de “Ben 10” que lo protegería en las noches obscuras. Una carta explicándoles, a sus nuevos padres, porque huía de casa y, claro, lo primordial, una cuchara y una bolsa de leche que lo mantendrían bien alimentado hasta llegar a destino… ¿Cuál? ni siquiera él lo sabía, pero sería lindo seguramente.
Pasó media hora desde que nuestro héroe yacía en la vereda, en la esquina de su casa. Ya había devorado, obsesiva y desesperadamente, toda la leche y aún así se sentía fatigado. Pensaba que moriría ahí; que nadie lo adoptaría. ¿Quién querría a un niñito que se escapa de casa?, pensaba, inocentemente, nuestro humilde hidalgo. Pasó otra media hora. Ya no soportaba más, pero había llegado muy lejos, se decía. No podía rendirse. El sol quemaba; el polvo, como nuca, bailaba a su alrededor; los perros ladraban. Era eso o su madre, su habitación; todos sus juguetes; los cariños fugaces, pero cariños al fin y al cabo…
Su madre, al terminar de engullirse su tercer vaso de limonada, se percata de la ausencia de su pequeño ángel. Desesperada grita, vocifera, aúlla su nombre, pero nada. El niño, al escuchar esto, por más que quería regresar, no se lo permitía. Era por eso que quería escapar. Quería encontrar el silencio y no una bocina de ambulancia, o de bomberos, o de lo que sea…
Al final, entre desesperación y desesperación, la madre se acerca a la puerta de su casa y, ahí, medio muerto de miedo, con la lágrima en la mejilla, observa a su pequeño bandido; corre exasperadamente, para abrazarlo, y el niño, entre sollozo y sollozo, va y le dice a su madre: Silencio, por favor, ¿es mucho pedir?...
viernes, 6 de enero de 2012
La habitación
Lo importante es que en ella podías ser feliz. Era tu hogar, tu biblioteca; era la tumba de cada noche y el vientre del que te alejabas cada día, brevemente, instantáneamente… A machacarte un poquito la vida con guante duro; a codearte el presente con miradas fugaces, con aves rapaces, para luego, volver a la habitación.
martes, 3 de enero de 2012
TILL!
y el hijo de la noche lloraran juntos a las estrellas
que mueren por acercarse tanto a la vida.
A veces también me gustaría que el mar estuviese en llamas.
Y siempre me gustaría dormir junto a mi pequeña anarquía.