domingo, 10 de enero de 2016

Perros de la calle



La vida es como un día largo, pienso en eso a diario, mientras voy al baño o cuando beso a mi pareja, también cuando estoy en la esquina observando el semáforo prenderse y apagarse continuamente y me doy cuenta que otra vez lo deje ir, no cruce la calle, me quede quieto pensando que dios es como una cámara de vigilancia o un francotirador burlesco y desquiciado apuntando en todo momento a nuestras vacías cabezas. ya comienza a hacer frio, otra vez llegará tarde la noche, estoy en la calle solo como me es habitual, por fin el color verde del semáforo y mis pies se ponen de acuerdo, cruzo lentamente, nada me apura, ni la futura calvicie, ni las deudas que me adjudicare inevitablemente al terminar un día lejano de marzo mi carrera y con ella el tan anhelado cartón con el que seguramente me limpiare el culo o se lo limpiare a alguien más, lo único verdaderamente relevante en este momento, lo único cierto es que debo cruzar la calle antes que el monito verde se transforme en rojo y me quede nuevamente varado en aquella esquina, en esa calle que no tengo ánimos de nombrar. ¿Por qué los colores del semáforo? Seguramente no soy el único que se lo ha preguntado, rojo, verde, amarillo, es decir, pueden haber sido cualquier color, no necesariamente estos tres, incluso me atrevería a afirmar que me gustaría más ver unos relucientes colores secundarios, sus tonos fucsias, un morado rastrero o quizás algunos a la moda, teñidos de leopardo u otros recursos estilísticos de mal gusto pero muy, muy lamentablemente llamativos, como las putas y travestis en ciertas calles después de las tres de la madrugada, bueno aunque de día también se pueden ver, en la televisión o en la camarada del senado, putas y putos desvergonzados, valientes y desvergonzados, algunos dirían que emprendedores, como iba diciendo, ya estoy del otro lado de la calle, que es como estar donde estaba antes, me veo al otro lado, esperando cruzar, esperando comportarme correctamente y seguir las reglas, el verde es para cruzar, el verde es para cruzar, el verde es para volar, el ya no cruzo se quedo atrás, muy lejos de todo lo que tenía planeado hacer, no cruzo el río o quizás lo intento pero se ahogo, lo dejó atrás, camino buscando lo que fuera que me saque de mis cavilaciones, esta oscureciendo, en este preciso momento pienso, deben estar violando a alguien, otro debe estar descubriendo como hacer viajes astrales y tal vez alguien este poniéndole punto final a la novela de su vida, libro que por supuesto nadie leerá, ni siquiera él, por suerte, camino dos pasos hacía el frente, qué hago realmente, no lo sé, prendo un cigarro y siento como entra en mi pecho una especie de neblina asesina y necesaria, entra y sale, como en una danza de apareamiento, ella es mi viuda negra, el humo que es neblina, que es certidumbre, que es una calle, infestada de huellas de otras gentes que seguramente sabían donde ir, siempre los demás saben todo y uno es un humilde aprendiz, camino dos pasos más ya no sé si hacia el frente o hacia atrás, moverse es lo importante es lo necesario, moverse para
capear el frio, para capear los pensamientos, dos pasos más y veo un perro de la calle, él me entiende, aunque no hablemos el mismo idioma, él sabe que lo estaba esperando, aunque no lo haya buscado, estamos cada uno siendo recordatorios del otro, diciéndonos que la vida es como un día largo y que no podemos tomarnos vacaciones de todo esto…

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