domingo, 10 de enero de 2016

El vagabundo

No nos miramos o por lo menos no como deberíamos, andamos sin sentidos por calles plagadas de inmundicia, te lo he dicho, ¿alguna vez te he dicho lo que pienso de estas calles a cierta hora de la noche?, somos testigos de algo horrible que nos coge en todo momento y vamos casi queriendo ignorar en que nos hemos transformado, en esos seres que erigen montañas de frustración sobre sus espaldas, día a día seguimos pensando que todo estará bien, cómo no iba a estar bien, claro! Si somos los hijos del progreso, nos jactamos de nuestra propia inutilidad creyéndonos civilizados, llenándonos la boca de cielo e infierno, gastando nuestros zapatos por un pedacito de infierno diario y una bocanada de cielo a fin de mes, estamos mal y estoy cansado de todo esto, ¿te he dicho alguna vez que me da asco el mundo?
Creo que eso fue lo que me intento decir Ernesto aquella noche, asco era la palabra fundamental que debía alertar a todo el mundo y cómo no, a sus propios amigos de algo no andaba bien, aunque para ser sincero, no estoy seguro si ese “algo” que no andaba bien era que Ernesto quisiera mandar todo a la mierda o que realmente tenía razón como vociferaba cada vez que estaba ebrio, nunca supuse que mi amigo fuera capaz de algo así, siempre lo creí un cobarde y era lo más lógico pensar de esa manera ya que por lo menos una vez al día mi amigo usaba esa palabra para referirse a algo aunque fuera lo más estúpido, por ejemplo una vez dijo que le daban miedo las sombras y después corrigiéndose dijo que no, que lo que le daba miedo era la oscuridad, es decir estar en una habitación congelada en el tiempo, donde flotarán imágenes venidas quizás solamente de su cabeza y así deambulaba taciturno Ernesto oh! Amigo qué fue lo que te motivo a saltar, por qué no nos advertiste de otra forma que no fuera tu discurso y es irónico saben… Mi camarada de demencias innombrables siempre afirmo que la palabra es inútil como lo decía Pizarnik, no alcanza siempre decía él, y es cruel decía enseguida ya que es la única forma en que sé expresarme, no hay otra más terrible y sincera que la palabra, quizás por eso decidiste un eutanásico “LAYSA FER” como venganza y respuesta, dónde estas? A donde te perdiste después de esa caída en picada al precipicio, de tu ignorancia y nuestra melancolía, ahora vagas con un cigarro en la mano por quizás que tierras lejanas y nosotros tal vez más conscientes ahora, pensamos en tu partida…

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