jueves, 30 de enero de 2014

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Imagina que dos ángeles te vieran mientras orinas...
Es raro pensar en estas bestias sin nombre propio, en estos seres deformados por la historia, inanes, impasibles, sin voz que pida disculpas o diga buenas noches. Que horrible debe ser no poder expresar lo que no esta.

Declaración de principios

A veces pienso que debo superarte, otras que debo ser igual a ti y a veces en momentos de alegría y calma, en momentos de "peor es nada" y de "todo pasa por algo" pienso que debo asesinarte...
Sacarte de mis cavilaciones ya que nunca nos pareceremos. Mis vicios son claramente diferentes a los tuyos, a mí por ejemplo me gusta volar, volar muy alto y alejarme un poco de mí para volverme más yo. A ti te gusta conocer, eres vicioso de gatos y te agradan los abrigos largos muy de caballero, eres adicto a los lentes de sol y te gustan las camisas ridículas, estas enamorado de la tierra y de tu maquina de escribir y de nada más. Yo camino taciturno, aletargado, fatigado por la miserable situación que estorba a mis ojos, me da asco el mundo y los mundos que habitan en el, fumo cigarro como condenado, ya no recojo plumas tiradas por ahí y nunca lo hice, tú caminas por calles sin nombre, sin edad, sin tiempo, vas y ya no vienes, tienes razón, nunca seremos iguales... Y me agrada saberlo.

miércoles, 29 de enero de 2014

Imaginación

Veo una mujer frente a mí, una mujer miserable que debe ser desterrada de todo momento, que debe ser purgada en su pérfido afán, veo una mujer con pupilas de fuego y sonrisa de niña, que esta ahí de pie frente a mi persona, ¿qué habita detrás de ella?, una escalera, ¡y juro por todos los demonios que si no estuviese en mi cabeza me lanzaría sobre ella para romperme el cuello!

lunes, 27 de enero de 2014

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El sol arde afuera de la pieza y el fantasma del viento murmurando sobre las cortinas verdes casi trasparentes me dice que debo levantarme "como siempre" junta a mí yace mi compañera y al decir compañera quiero decir que es un hola y adiós, la puerta de entrada que de un momento a otro se convertirá en salida, al decir compañera quiero que comprendan que es sentencia y purgatorio, es el guiño inocente y voraz de un gato, es aquello que puede caer en la palma de una mirada, imagínenla como el Abraxas de Hesse, piensen en ella como lo que cualquier individuo, en cualquier cama de cualquier continente del mundo le gustaría abrazar.

El sol arde afuera y el fantasma del viento me advierte que estoy atrasado "como siempre" ¿por qué el tiempo transcurre más rápido cuando estamos atrasados? la mentira esta completamente lista, cada gesto, cada movimiento de mis manos y mis ojos deben ser naturales, como fueron pensados anoche, para que ella que ya comienza a despertar, que ya comienza a abrir los ojos, que ya comienza a verbalizar los primeros gemidos ilegibles del nuevo día, no descubra la terrible realidad que habita aquí, junto a ella.

Descubro su rostro de entre las sabanas, la observo y beso lentamente intentando que no descubra con cuanta desesperación rozo su humanidad, tal vez estas son las últimas caricias, me digo, tal vez al salir de la cama como cada mañana o tarde mañana ya no escuchare un "te amo" entonces la beso y acaricio lento muy lento, rozo su espalda con la yema de mis dedos, llego hasta sus nalgas, como adoro ese precioso relieve que parece hecho a mano, me quedo un rato ahí encantado como niño con juguete nuevo o heroinomano con su dosis perfecta, salto de entre este abismo a su clítoris, mis dedos suben y bajan mientras ella sin abrir los ojos, sin saber lo que le espera, o lo que me espera a mí, se aferra a mi cuello lo muerde mientras mis dedos primero uno y luego violentamente tres entran y salen , entran y salen, escucho sus gemidos al compás de mi mano y me siento como director de orquesta dirigiendo una canción imposible, tomo una de sus manos con la que me queda libre, la dirijo a mi sexo y ahora somos dos músicos dirigiendo una canción al ritmo de la convulsión necesaria, beso su boca, bajo a su cuello, desciendo sólo un poco por esa carretera de infierno y ya no quedan ojos, ni saliva, ni nada, sólo dos cuerpos con derecho propio demandando sensación, exiliados en tacto, soterrando banalidad, jugando en ese sincretismo que parece eutanasia y creación y el calor afuera y el fantasma del viento irrumpiendo esta sentencia que llamamos cariño y diciendo recuerda que ya es tarde, debes trabajar.

Me incorporo y ahora soy uno con el suelo de la habitación, camino un rato, beso por última vez la fisura de su boca, acaricio su mejilla mientras ella descuidada o quizás ingenuamente roza mi estomago con una de sus manos, debo salir pronto de casa, tomo la ropa sucia que escondí entre las sabanas y mi deseo de no hacer lo que me prometí la noche anterior,
la veo ahí tan ignorantemente tranquila, tan te espero para la once, tan no llegues tarde y si lo haces trae algo para la mente, trae algo para apocar esta asquerosa realidad que nos ve nacer día y noche día y noche mientras las alas de las polillas caen sobre nuestras cabezas y nos perdemos en esta madeja incesante que es el tiempo.

La veo y me digo que la quiero, que el crimen es necesario para aletargar este morboso enjambre, funesto odio que me hace desearla más, me dirijo al baño veo mi cara en el
espejo, como detesto mi patético rostro de niño rumbo al matadero, cepillo mis dientes, voy a la cocina, tomo el cuchillo menos afilado que encuentro, lo observo detenidamente, tú serás mi camarada, lo palpo, tú serás mi camarada, lo guardo, lo escondo entre los juguetes de mi rutina, vuelvo a la pieza, la veo tan tranquila de vuelta al sueño, no me atrevo a despertarla, no me atrevo siquiera a despedirme, cierro suavemente la puerta mientras el viento me advierte que debo trabajar, que no vale la pena, que es mejor dejar todo como esta, sigue siendo un imbécil, ignora a la victima, me grita, pero no puedo, por primera vez en mi vida quiero cumplir algo de lo que me he prometido y por qué no hacerlo con la acción más inútil, más idiota que se me pudo ocurrir, bajo las escaleras salto entre una y otra esperando tropezar para romperme el cuello, nada ocurre, llego al centro, tomo una micro y la distancia entre violencia y realidad se hace cada vez más corta.

Bajo de la micro, me quedo varado en la sombra de un ladrón, pensamiento incesante, cuestiono el movimiento que vendrá, mis pies lo perciben, mis manos se aseguran de que el cuchillo sigue ahí, mis ojos buscan la inspiración de la violencia, camino en círculos perfectos un rato, me pierdo para no encontrarme,  luego lo encontré.