domingo, 25 de diciembre de 2011

Impulso eléctrico

Sentía la necesidad de la muerte en mis manos…

¿Cómo explicarlo?

Fue uno de esos impulsos donde sientes que no es solamente tu corazón el que palpita, si no todo tu cuerpo; donde tus manos tienen vida propia; tus pies se mueven hacia la agresividad; tu cabeza comprende que no solamente sirve para pensar; te das cuenta que tu cuerpo completo puede funcionar como un arma. Esa clase violencia que te empuja hacia la brutalidad, donde la irracionalidad y bestialidad que todos llevamos dentro nos lleva hacia los sentidos…

¿Comprendes?

No fue mucho tiempo lo que duró todo mi arrebato, pero sí el suficiente para desmoronar todo mi castillo, ese que había creado y había llamado vida.
Tal vez fue una fracción de segundo lo que duró todo, donde mi bestia interna despertó y sucedió culminando con y todo se acabó… para mi…

Que ironía más franca. Ese día todo, absolutamente todo, rayaba en lo normal; trivialidad era lo que se respiraba, cocinaba y servía…
Calentita trivialidad como el pan a las ¿8?, ¿9?, ¿10? de la mañana.

Mi día comenzaba como el de cualquiera, salvo por un sabor amargo en la boca y con mucha sed, tal vez por la resaca en la que vivía, permanente, sin necesidad de haber bebido, siquiera, una ínfima gota de alcohol, la noche anterior.

En fin, mi día seguía su curso como el de cualquier mortal que desea, por el amor al pecado, que algo extraño acontezca en su día; algo anormal, pero con esa rara sensación que nada sucederá… cuando tropiezo involuntariamente, tal vez inconscientemente así lo quería, con un señor: don autoridad y arrogancia andante, un policía.

No fue mucho lo que tardé en comprender que la cosa se pondría fea…
El perro vestía su traje verde. Yo, el cachorro, mi traje negro.
Decidí seguir el protocolo y pedir una disculpa, pero al parecer mi amiguito deseaba algo de carne para el desayuno.

-¡NO! -Fue su primera palabra y, acto seguido, el dolor y mi falta de respiración. Cuando entendí lo que había sucedido todo estalló en miedo; el tipejo, alegando defensa personal, se defendió y golpeó, directamente, mi estomago con su “luma”. Yo, en el suelo, alegaba racionalidad. Él, en su discurso, alegaba respeto (claro, jerárquicamente hablando). En ese momento, cuando al fin pude ponerme de pie, creo, era primera vez, en toda mi vida, que la palabra asesinato y realidad se tornaban en sinónimo.

No sé, realmente, que sucedió. Simplemente puedo decir que el policía tentó a la bestia, pero no se fijó que, justo en esa mañana, el candado de la jaula estaba abierto.

Recuero haber tomado su arma, imitado a los tipos en las películas y quitado el seguro, recuerdo haber apuntado directamente a su cabeza y haberme arrepentido, recuerdo redirigir el cañón hacia genitales, recuerdo el miedo y la orina que caía por sus botas al suelo. Aún siento su miedo en mis manos. Aún siento la sonrisa asimétrica de desprecio que se dibujó en mi rostro. Aún duelen mis oídos, por el sonido de la bala escapando a sus genitales, reventando sus genitales…matando su hombría.

Un disparo a quema ropa, como dirían en las series detectivescas, para tumbar al tipo; crear un camino de sangre y dibujar rostros horrorizados de las personas que recién despertaban de su ignorancia y comprendían lo que había pasado.

Recuerdo tirar el arma al suelo e imaginar lo que seguía. Los diarios, en todas partes, publicando mi rostro en portada: el joven que asesinó a un policía. La triste historia del muchacho que tentó la vida hasta la muerte. Las personas asustadas; mis padres preguntándose ¿por qué?, ¿que hicieron mal?, mientras me desterraban de su pensamiento. Mis amigos desapareciendo… y mi amor cayendo, tal vez, en la negación.

Recuerdo que un tipo se me acerca. Acto seguido, de yo haber botado el arma. Me reducen. Me dan algunos golpes y preguntan que qué acabo de hacer, ¿por qué lo hice?

Y recuerdo verme pronunciando mi humilde sentencia:

-No lo sé, solamente fue un impulso eléctrico.

martes, 20 de diciembre de 2011

Imaginación

Recuerdas el tiempo en que fuimos lluvia?
Cuando jugábamos a ser charco o chapuzón?
Cuando fuimos electricidad?
Recuerdas los días en que éramos percepción?
Fueron buenos tiempos que vivimos...
Tú dibujabas existencia…
Yo pintaba vida…
Era tan gracioso jugar a escribir obscenidades con las estrellas.
O mandarnos pactos secretos con las nubes.
Me gustaba mucho fabricar luz o locura era encantador…
Pero lamentablemente tenias razón teníamos que despertar.
Jugar a ser dios es necesario pero demasiado peligroso…
Todos debemos despertar,
aunque debo confesar creo no me aburriré jamás de imaginar.

domingo, 18 de diciembre de 2011

INFRAESTRUCTURA

En las grandes callejas del silencio manejamos nuestra ira a lira cortada a centésima malgastada, nos hacemos un torniquete en la pena y gritamos a la oscuridad…
Relamemos el asfalto y nos acomodamos al paso de la vida, cuando la decepción nos tiende su fina y responsable mano.
En la infraestructura de la vivencia jugamos al azar, apostamos uno que otro año a que todo podría suceder y amarrados a nuestra seguridad dejamos que todo suceda a nuestro alrededor, mas nosotros no sucedemos, nos sucedemos y cedemos nuestros dados para quien quiera tirar.
Mas nosotros no sucedemos.