sábado, 9 de enero de 2016

El robo

hace un rato mientras caminaba por la feria encontré una caja con un dinosaurio rosado adentro, nos vimos, como si naciéramos en el mismo instante de ser divisados, con un simple gesto le dije: Hola, nos volvemos a encontrar, a pesar de no habernos visto nunca. Y tú camarada somnoliento me sonreíste y dijiste: "ven, sácame de este ataúd que corrompe, que mancilla mi rostro volviéndolo humano, carne y mercancía de intercambio", entonces tome tu geografía entre mis sucias manos y salí corriendo, qué digo corrí? Volé más rápido que Forest Gump o como se escriba, arranque de las fauces de tu captor, es decir que te saque de las sucias manos de un feriante para depositarte en las sucias manos de un ladrón, me miraste, con una mirada inerte me miraste, y me dijiste ven y luego vamos, que los pies no los tienes dibujados como yo, así que vamos, que es necesario moverse a donde sea pero vamos.  Entonces hecho euforia seguí corriendo, mire su rostro y seguí de frente, ignore sopaipillas y semáforos en rojo, ignore la ropa tirada en la calle, ignore al hombre que vociferaba el precio del tesoro que tenía entre las manos, y corrí hasta que llegue a un lugar sin calles, sin tanto ruido, sin tantos ojos que miraran dormidos lo que acaba de pasar, llegue a un lugar tranquilo, tome al dinosaurio rosado, lo deje escondido, en un lugar que sólo un niño podría encontrar y seguí caminando...

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